T+wainu (iniciado)

T+wainu (iniciado)

octubre 23, 2018 0 Por Álvaro Ortiz López

En un principio el Wixarika (huichol) es participe a través de sus padres hasta los primeros tres años, después, conforme va adquiriendo entendimiento entra al campo de actividades para aprender a observar, poco a poco se va introduciendo a participar en el desarrollo de actividades colectivas.  Se enseña a elaborar objetos como Tsik+ri conocido con el nombre de (ojo de dios) entre otros, que significan herramientas básicas para ser partícipe en quehaceres rituales. Aprende a sentir el polvo de la piel y la respiración de la tierra madre, percibir las energías a través de los rayos de luz proveniente del oriente, escuchar el cantar de las fuentes y sonidos del cauce del agua del poniente, recibir suaves murmullos y ráfagas de corrientes de aire del sur, hallar la voz de las palabras en cada una de las cinco narraciones que concluyen su fluidez al norte. Aprender a cerca de los cinco elementos que sustentan en armonía la naturaleza del universo como una de las principales metas. 
     Este quehacer es parte de la formación, el aprendizaje que contribuye en la preparación del colectivo. Por ello, lo lleva acabo en cada ciclo bajo el calendario establecido por el centro ceremonial familiar. Los elementos que ha aprendido crear han sido para su forjamiento, los debe llevar acabo sin contra tiempo  y después, los debe llevar a depositar de ofrenda a los lugares sagrados de las cinco direcciones, donde se originan las energías creadoras. Los dichos elementos los debe ofrecer como fruto de su esfuerzo del aprendizaje, en símbolo de renovación del pacto con los ancestros, en presencia de las fuerzas que yacen transformadas en elementos y que día a día dan sustento a la naturaleza y mantienen en equilibrio infalible el funcionamiento, para el bien común de los colectivos, a partir de la cosmovisión propia. 
     El colectivo Wixarika (huichol) empieza a entrar en contacto con los elementos y símbolos del lenguaje. Es como inicia el estudio sobre los símbolos que se hallan en depósito como escudo del pueblo y que se hallan enraizadas en la memoria cada uno de los colectivos. 
     El ejercicio de esta práctica con el paso del tiempo se ha hecho un deber o un oficio cultural. El colectivo con forme crece, se convence que se nace para ejercer las prácticas de las costumbres del pueblo. Comprende que se nace para desarrollarse mediante las participaciones en las actividades colectivas. Se florece para aportarse en aroma del fulgor y en el cultivo del color de los deberes. Se genera en fruto para ofrecerse y compartirse en bien de los demás.
     Así pues, es durante el ejercicio ritual donde el Wixarika (huichol) hace de un encuentro, entabla un dialogo, realiza el pacto, sella un convenio con los seres que funden, difuminan, disuelven, propician y generan la función del color. Con los elementos de la fuerza de la naturaleza. En su momento, las partes acuerdan dar cumplimiento al pacto, con el único objetivo de que las creaciones se realicen y se desarrollen mediante el proceso de aplicación de los colores en memoria de nuestra historia. Para que los colores entren en alianza con los creadores, con los artistas y, estos propicien lo necesario a través del contacto y de ello, se genere el manifiesto cultural del lenguaje pictórico. 
     De esta forma el creador colectivo tiene por deber embestir de elegancia a los símbolos en imágenes figuradas del campo de la creatividad, llenar de aliento las formas figuradas existentes y por existir en el habla de los colores.  Adornar de efecto su esencia, generar movimientos visuales para que el mensaje penetre por los poros, circule y fluya por las venas de ancestros y de la naturaleza madre.
      Entonces, el colectivo Wixarika (huichol) es consciente que sólo mediante el ejercicio de las prácticas rituales es como se llega al acceso al primer campo de sabiduría y, que el ejercicio del deber inicia con el nacimiento de un nuevo integrante en la vida colectiva del pueblo Wixarika (huichol). 
     El recién nacido después de los cinco días transcurridos, es bautizado por medio de la ceremonia correspondiente, cada uno de los abuelos tienen el deber de otorgarle  uno o varios nombres. Presentarlo ante el círculo familiar e inmediatamente convertirse en guía e instructor de los padres. En lo posterior es presentado e integrado ante la comunidad en general para entonces, ya puede ser participe en actividades colectivas a través de sus padres. 
     En la próxima actividad colectiva que corresponde es Yuimakwaxa (viaje virtual a Wirikuta) en desarrollo de dicho ritual es presentado y anunciado ante las fuerzas de la naturaleza y ante el pueblo Wixarika (huichol) en memoria de los ancestros. El recién nacido antes de integrarse en la ceremonia por primera vez se mantiene bajo el nombre de T+wainu (iniciado) hasta cumplir los cinco años participando  cada año en las cinco ceremonias venideras. La ceremonia Yuimakwaxa (viaje virtual a Wirikuta) tiene una duración aproximada de doce horas, dependiendo del lugar y del Maraákame (ceremoniero) que lleva en sus manos la conducción de dicha ceremonia. 
     Los padres del recién nacido se turnan entre ellos, para permanecer sentados por largo periodo con el recién nacido en brazos. La responsabilidad cae en manos de los padres, para  proveerle de bienestar durante el virtual viaje y, también le proveen de su anunciador o presentador en cinco ocasiones durante el desarrollo de la ceremonia. Por lo regular el presentador y anunciador del colectivo ante las energías de la naturaleza es uno de sus abuelos. 
     Esta ceremonia se realiza en cinco ocasiones de manera consecutiva en la vida del colectivo, una vez por año. Si después de cumplir el lapso de los cinco años, la naturaleza ordena que deben realizarse otros cinco años más, los deberá cumplir sin contra tiempo, pues se trata de una bondad para el colectivo incluso para la familia y la comunidad o el pueblo Wixarika. 
     La ceremonia de Yuimakwaxa (viaje virtual a Wirikuta) simboliza el viaje a Pariyatsie (origen de la luz del amanecer) del oriente, donde se acude a invocar las nubes que propician las lluvias que generan cosecha en abundancia. 
     El viaje simbólico es de ida y vuelta y durante el trayecto, se aborda  fragmentos de música y cantos didácticos para niños que describen paisajes, ríos, montañas, que conjugan plegarias y narraciones toponímicas del pueblo Wixarika (huichol).